La caza de los Tres y el auge de Tristam
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Hermandad Horadrim
Año 1264. Habían pasado dos siglos desde que los
Tres fueron encerrados en las
Piedras Alma. Escondidas y custodiadas por los más nobles seguidores
Horadrim, las
Piedras fueron repartidas por todo
Santuario, para que los demonios encerrados en ellas nunca volviesen a reunirse.
Mephisto,
Señor del Odio, encerrado en
Kurast;
Baal,
Señor de la Destrucción, en los desiertos de
Aranoch; y
Diablo,
Señor del Terror, bajo la ciudad de
Tristam.
Con el desvanecimiento de los últimos
Horadrim, una nueva religión estaba surgiendo, la
Iglesia de la Luz, los
Zakarum, los cuales recogieron la gran responsabilidad de custodiar las
Piedras del Alma. A su mando el sabio
Khalim, en
Kurast, había descubierto que sus semejantes están cayendo uno a uno bajo la corrupción del
Infierno...
En el Oeste,
Khanduras, el nuevo
Rey Leoric, un hombre profundamente religioso había traido la paz a esta tierra.
Leoric asentó a
Tristam como la capital de su nuevo Reino y confió plenamente en las enseñanzas de la
Iglesia de la Luz y su más sobresaliente siervo, el
Arzobispo Lázarus. Con el tiempo, el pueblo de
Khanduras respetó al buen
Leoric, sintiendo que sólo deseaba guiarles y protegerles contra la opresión de la
Oscuridad.
Sin embargo, este periodo de paz no sería duradero por mucho tiempo.
Lázarus, nuevo guardián de la
Piedra Alma de Diablo, empezó a tener pesadillas. Atormentado cada vez más, el
Arzobispo decidió frenar su sufrimiento de la peor forma: lanzó la Piedra contra el suelo, rompiendo parte de ella, con lo que el Demonio fue liberado.
Diablo, una vez más suelto por el mundo, pero muy débil, necesitaba de un vínculo con el mundo mortal para volver a ser el demonio poderoso de hace 200 años. Rendido y corrupto ante el poder de su nuevo amo,
Lázarus escogió ese vínculo:
Leoric, un hombre tan noble y justo sería el sacrificio perfecto para hacer volver al mundo al
Señor del Terror.
Carta de Khalim a Lazarus.
Click para ampliarLeoric: de héroe a villano
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La locura del Rey Leoric
Así,
Lázarus engañó al Rey, quien comenzó a tener horribles pesadillas, las cuales acabaron por hacerle enloquecer. Inconsciente de su nuevo estado de demencia, el Rey empezó a declarar la guerra a todas aquellas tierras que no se sometiesen a su voluntad, arrasándolas sin sentido. En poco tiempo, El Rey pasó de héroe a villano y se ganó el sobrenombre del
Rey Negro.
En un último momento de lucidez,
Leoric vio que había sido traicionado e hizo un llamamiento a aquellos que siempre fueron sus amigos.
Lachdanan,
Capitán de los Caballeros de la Orden de la Luz descubrió el origen de la demencia de su amigo. Sin embargo, la Oscuridad se apoderó finalmente de
Leoric y acusó a
Lachdanan de traición.
Sumido en una absurda y sin sentido guerra contra el
Reino de Westmarch, los consejeros del Rey empezaron a darse cuenta de la extrana condición de su señor. Muchos se fueron a la guerra, y poco a poco, el Rey se fue quedando solo, junto a
Lázarus, el único que no dudaba de sus cada vez más extrañas acciones. Así,
Diablo, escondido en la sombra, había conseguido el control absoluto sobre la conciencia del Rey y se preparaba para dar un nuevo paso en su macabro plan.
La ausencia de devotos consejeros e inquisitivos Sacerdotes dejó a
Diablo libre para asumir el control absoluto de la abatida alma del Rey. Así, el ánima de
Diablo intentó tomar el cuerpo de
Leoric como su nueva carcasa, pero descubrió que el espíritu del Rey era más persistente de lo que imaginaba. El Demonio, débil y sin su verdadero poder, entendió que era un riesgo demasiado alto el intentar luchar contra el alma del Rey por un mismo cuerpo. Tras una lucha intensa en el interior del cuerpo de
Leoric, el alma de
Diablo volvió a salir de éste, pero el alma del Rey quedó corrompida y su mente desquiciada.
Leoric empezó a transformarse en algo diferente.
La Caída del Rey Negro
Había que elegir otra víctima, alguién tan noble de corazón como antaño lo fue el Rey, pero sin la suficiente fuerza de espíritu como para hacer frente al sometimiento del
Señor del Terror.
Lázarus lo vio claro desde el principio:
Albretch, el príncipe, el hijo de
Leoric. Ante el creciente estado de demencia en el Rey, el
Arzobispo aprovechó la ocasión para secuestrar al joven príncipe y lo arrastró a lo más profundo del los laberintos que había bajo la
Catedral de Tristam. Había que prepararlo todo, el
Señor del Terror volvería a caminar sobre el Mundo una vez más.
Leoric montó en cólera cuando se enteró de que su propio hijo había desaparecido bajo las mazmorras, aniquilando a todo aldeano que se cruzaba en su camino hasta las mazmorras de la Catedral. Cuando
Lachdanan y sus compañeros supervivientes regresaron para enfrentarse a su Rey,
Leoric envío contra ellos a los pocos guardias que le quedaban.
Lachdanan entendió al instante que aquél ya no era su viejo amigo y Rey, no era más que un loco endemoniado, la batalla estaba servida.
Tras un cruel combate,
Leoric fue vencido. Acorralado por los hombres de
Lachdanan, el Rey no dejaba de maldecirlos. Finalmente, Lachdanan hundió su espada en el corazón de
Leoric, pero lo que desencadenó tal acto no fue la muerte de aquel hombre, pues una espesa niebla empezó a surgir de la herida del Rey, transformando a todos aquellos a su alrededor en muertos andantes. Corrompidos por el poder del
Terror que brotaba del nuevo
Leoric, tanto los guerreros vivos, como los muertos de toda la zona se levantaron y desde el corazón de aquellos laberintos se preparaban para aumentar su ejército.
El Reino de
Khanduras se había sumido en el
Caos.
La Catedral de Tristam, durante años Iglesia de la Luz, lo era ahora de la Oscuridad...El Último Horadrim
En un intento desesperado por encontrar al príncipe, un grupo de aldeanos, engañados por el propio
Lazarus, se adentró en las mazmorras, pero sólo unos pocos regresaron. Uno de los supervivientes a la expedición, el anciano
Farnham, afirmaba haber visto como criaturas atroces aniquilaron a sus amigos en aquellos túneles. Casi demente,
Farnham sólo encontró una forma de lidiar con las pesadillas que le atormentaban: la bebida.
Fue entonces cuando el pueblo empezó a pedir ayuda. Con un Rey demente muerto, un príncipe desaparecido, los muertos levantándose de sus tumbas... algo extraño pasaba, ya no era una simple guerra con el Norte.
Muchos de los habitantes de la ciudad huyeron, dejando a sus vecinos solos ante la desgracia. Apenas quedó una decena de ellos en la ciudad maldita. Cuando toda esperanza parecía desvanecerse, surgió la figura de un hombre,
Deckard Caín, un sabio anciano que afirmaba ser el último
Horadrim.
Caín hizo un llamamiento no sólo a los hombres que habían ido a combatir a la guerra, sino también a los enemigos de éstos, y a todo aquél que buscase más gloria que la de una batalla.
En pocos días llegaron varios extranjeros de diferentes partes de
Santuario, cada uno con sus propias intenciones, pero al fin y al cabo todos venían para ayudar. Uno de los extranjeros,
Adria, la
Bruja, atrajo la atención del anciano. Tan enigmática y misteriosa,
Caín no sabía a ciencia cierta si podría confiar en ella.
Adria trajo también algunos guerreros y magos, dispuestos a adentrarse en las mazmorras de la
Catedral. Pero la verdadera preocupación de
Caín era otra, mientras todos aquellos extranjeros llegaban, ¿qué podía estar tramando
Lázarus?
Caín sentía que como el último de su
Hermandad, había dejado que estas cosas pasaran, no había tenido los ojos lo suficientemente abierto y se culpaba por ello. Aún así, no todo estaba perdido, había que valerse de aquellos valientes para descubrir qué se escondía tras las intenciones del
Arzobispo.
Extracto del diario de Deckard Caín: La bruja Adria.
Click para ampliarEl Regreso del Señor del Terror
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El joven príncipe Albretch fue consumido por el poder de Diablo
Mientras tanto, en lo más profundo de las mazmorras de la Catedral,
Lazarus preparaba el sacrificio del príncipe.
Diablo sabía que pese al noble corazón del joven, su voluntad de niño acabaría por ceder ante las visiones y pesadillas que el
Demonio le haría ver.
Lazarus clavó la
Piedra del Alma en la frente del muchacho. Dolor y fuego corrieron por su alma. Alcanzando lo más profundo del subconsciente de
Albrecht,
Diablo sacó los más grandes temores del niño de sus escondites y las dio aliento.
Albercht observaba, como si saliesen de un sueño, las retorcidas y desfiguradas formas que aparecían a su alrededor, las criaturas de la propia imaginación del niño habían cobrado forma corpórea. Un ejército de monstruos empezaba a emerger del laberinto.
Finalmente cedió, y
Diablo consumió el alma del joven príncipe. Su cuerpo se retorció y empezó a transformarse en una enorme bestia. Su piel comenzó a volverse escamosa y de color escarlata, enormes espinas de hueso le salían de la espalda, hombros y cabeza, cuernos de macho cabrío brotaron de sus pómulos...
Diablo había regresado. Ya no era una simple aparición, era real y corpóreo.
El
Señor del Terror empezó a reunir su creciente poder y se preparaba para abrir las puertas del
Infierno allí mismo. Sus hordas de demonios le esperaban más allá, preparadas durante 200 años para volver a invadir el
Mundo junto a su amo. El fin estaba próximo.
Diablo: Señor del Terror se preparaba para traer el Infierno al mundo de los mortales.
Click para ampliar.El Laberinto
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El Hechicero
Cuando la oscuridad llegaba a su puto más alto, todos lo guerreros que habían llegado a la ciudad se dirigieron finalmente a la
Catedral. Era un último intento por recueprar no sólo su ciudad, sino por descubrir la verdad que les había empujado a una absurda guerra con el Norte, la que había vuelto a su
Rey completamente loco, la que había traído a todas aquellas criaturas. Sin imaginarse el terror que verían allí, aquél grupo no sabía si alguno de ellos regresaría con vida. Las víctimas muertas que se encontraban por el camino eran la más clara advertencia de lo que les aguardaba más allá.
Nada más entrar en el acceso que llevaba a los primeros niveles de la mazmorra empezaron a surgir los primeros enemigos: esqueletos, muertos vivientes, pequeños demonios caídos, hombres cabra... poco a poco el grupo de hombres fue bajando de número hasta verse muy reducido.
Finalmente, tres de ellos parecían sacar fuerzas para seguir luchando y avanzando allí donde los demás perecían: un hechicero
Vizjerei, proveniente de
Aranoch, conocedor de los más poderosos hechizos y magias; una
Arpía, por su aspecto posiblemente de la
Hermandad de Ojo Ciego, rápida y letal con el manejo de su arco y armas a distancia; y finalmente, un
Guerrero de
Khanduras, uno de los muchos que volvían de la guerra contra
Westmarch, pero a diferencia de los demás, éste era increíblemente habilidoso en el combate cuerpo y con cualquier tipo de armas.
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La Arpia
Fue en este último en quien
Caín tenía depositada muchas de sus esperanzas, pues había visto un coraje y habilidades innatas en él. Sin duda alguna, estos tres eran los únicos capaces de salvar la ciudad y descubrir qué se escondia tras la aparición de toda aquella muerte; si ellos perecían, toda esperanza se desvanecería a su vez.
A medida que el grupo avanzaba, se encontraban con criaturas más horrendas y, si cabe, más peligrosas. Las pesadillas y visiones que relataba el borracho
Farnham se hacían realidad allí. Uno de estos enemigos era un demonio grande con un gran hacha y atuendos de carninero. Tenía su propia habitación, en la que descuartizaba a todo aquél que se intetaba adentrar en aquel laberinto. Tras un duro combate, nuestros tres héroes consiguieron acabar con él.
Sin embargo, había enemigos más poderosos en aquel laberinto.
Leoric. Transformado en un enome esqueleto viviente, hordas de esqueletos, antaño sus sus humanos guardias, se avanlazaban contra los héroes. Tuvieron que poner todo de su parte para hacer frente al ejército de muertos de
Leoric, pero uno tras otro, sus enemigos caían al suelo en una lluvia de huesos rotos.
Leoric estaba a punto de ser derrotado, después e todo lo que había pasado, de noble
Rey a cruel villano, de hombre a demonio, sus pesadillas iban a acabar. Finalmente fue derrotado y cayó al suelo, su legión de esqueletos se fue con él, quién sabe donde y por cuanto tiempo...
El Guerrero.Lazarus, el traidor
El descenso a lo más profundo de laberinto no había hecho más que empezar, la historia incluso es confusa a partir de aquí. Se sabe que uno de estos héroes consiguió llegar hasta los dominios de
Lazarus y allí se llevó la más terrible sorpresa: el
Arzobispo había sacrificado al príncipe.
Lazarus ostentaba nuevos poderes, alguno de ellos sumamente poderoso y totalmente diferente del poder mágico de los
Vizjerei o los
Horadrim. Aquella magia venía de otra fuente de poder, una desconocida para los hombres. La verdad estaba a un paso, todos los planes ocultos del
Arzobispo a punto de ser revelados, pero para ello, el traidor debía morir. Tal vez el mundo conseguiría tener su merecido descanso si
Lazarus moría. Una vez más, los héroes se ganaron su calificativo y le derrotaron, aunque no se sabe bien si fue uno de ellos o los tres a la vez. Lo importante es que el causante de todo aquella pesadilla había muerto.
Tras vencer al traidor de
Lazarus, su bastón fue llevado de vuelta a la ciudad de
Tristam, donde
Deckard Caín lo analizaría para descubrir que el
Terror no había hecho más que empezar...
La derrota de Diablo
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Diario de Caín: La muerte de Diablo
Apenas
Diablo estaba reuniendo a su ejército, notó la presencia del
Guerrero de
Khanduras. En las mismas entrañas del laberinto, cerca del cuerpo inerte de
Lazarus, y abiertas ante él; el valeroso héroe se encontró con las mismísimas puertas del
Infierno.
El bastón de
Lazarus lo había revelado.
Caín había entendido al instante que los símbolos grabados en él invocaban los mas oscuros poderes del
Infierno, más concretamente, aquellos relacionados con el
Señor del Terror. No había marcha atrás, si lo que decía
Caín era cierto, no sólo la ciudad o el
Reino estaban en peligro, sino toda la
Creación. Hbía que cruzar la puerta, había que matar a
Diablo.
Por su parte, el Demonio sabía que no era un simple mortal el que había llegado hasta allí. Aquel hombre había sido uno de los artífices de la muerte del
Carnicero, de
Lázarus, e incluso de
Leoric, junto con incontables hordas de monstruos. Había que eliminarlo cuanto antes y Diablo sabía que mandarle más demonios sólo acrecentaría el valor de su enemigo. Tenía que ser él mismo, aquel humano era una amenaza muy seria y sólo
Diablo podría hacerle frente.
La ciudad de
Tristam se sumió en el más absoluto de los silencios. La incertidumbre de saber que en la espada y la valentía de un sólo hombre estaba el destino de
todo enmudecía a los presentes. No había ni rezos ni súplicas, sólo silencio y espera...
Para un simple fue mortal una batalla digna de los mismisimos ángeles, el
Guerrero no daba tregua a su enemigo.
Diablo sería el mayor rival que pudiese encontrar jamás, pero no podía ser el último, no debía. El enorme
Demonio tampoco tenía intención de volver a ser derrotado y lanzaba sin parar ataques al hombre, en su mayor parte bolas de fuego.
Diablo fue derrotado... ante todo pronóstico, el poderoso
Demonio fue vencido por un simple hombre. Clavándole su espada hasta llegar al corazón de la bestia, aquél mismo corazón que un dia antes había sido el del príncipe.
Diablo cayó, pero aún no había sido vencido. El
Guerrero sabía que con la
Piedra del Alma rota, era cuestión de tiempo que el alma de
Diablo volviese a escapar. Había que hacer algo más, un último sacrificio, por muy grande que fuese...
Fuentes usadas:
-
Ex Libris Horadrim.
- Manuales de Diablo, Diablo II y LoD.
- Diario de Deckard Caín (
web oficial).
- Linea del Tiempo
(web oficial).
- Video del final subtitulado en español por
Evilside.
- Experiencia personal de datos contenidos en las novelas.
- Y (por supuesto) experiencia personal del propio juego.